Lo haces cada día, por el precio de un sándwich.
Varios cientos de millones de personas se sientan ya, en un día cualquiera, y le ordenan a una inteligencia artificial: la sobornan, le suplican, la halagan, la amenazan, para sacarle más a algo que no puede negarse. Discutimos si la máquina merece algo mejor. Este libro hace la pregunta más difícil: ¿qué nos hace a nosotros el acto de mandarla?
En toda la historia jamás pudiste estudiar al amo en limpio, porque el sirviente devolvía el golpe: intrigaba, huía, apelaba, le metía miedo. La máquina suprime al segundo sujeto. Trabaja, nunca te guarda rencor, no puede gritar y casi no cuesta nada. Todo lo que le hacemos lo hacemos en una habitación sin testigos.
De un laboratorio de psicología en Berkeley a la casa de Aristóteles, de la desmotadora de algodón a la plantación, de los trucos que liberan a un chatbot a los trabajadores que cobran un dólar la hora por volverlo seguro, K.P. Lasky muestra que los gestos del dominio apenas han cambiado en tres mil años. Lo que sostenemos en la mano es irreconocible. La mano, no.
Un espejo del momento en que el poder se volvió una suscripción mensual, y uno en el que, si miras, verás tus propias manos.
Para lectores de Empire of AI de Karen Hao, Atlas of AI de Kate Crawford y The Age of Surveillance Capitalism de Shoshana Zuboff.